Documento IV Asamblea: lineas de trabajo político futuro



 

  • Necesidad de que la perspectiva de clase transversalice la línea política del EEC, sus análisis y sus líneas de trabajo. Significado de la perspectiva de clase

  • Otros ejes de acción política posibles:

  • Recuperar y desarrollar el eje de la lucha frente a la represión política de clase.

  • Implicarnos, en función de nuestras capacidades, en la nueva fase de luchas que se han ido abriendo en determinados sectores productivos.

  • Reforzar y extender la formación política de los militantes

  • Otras posibles líneas de trabajo


El eje de clase debe impregnar toda la actividad política del EEC.

Una concepción marxista de la realidad y una línea política comunista exigen que la perspectiva de clase ocupe el lugar central de nuestra elaboración teórica y que dé sentido coherente al conjunto de nuestra acción política.

Pero para ello es necesario que aclaremos qué significa para el EEC sostener una posición de clase dentro de la línea política de una organización comunista.

Una posición de clase significa:

  • Señalar con claridad y didáctica la contradicción esencial capital-trabajo en el marco del modo de producción capitalista, la explotación de la clase trabajadora en la que se asienta dicha contradicción y la necesidad de superación dialéctica en sentido revolucionario de la misma. Debemos hacer hincapié en el hecho de que en el capitalismo no es posible acabar con la desigualdad y las lacras sociales que ésta conlleva, por lo que el socialismo se convierte en una necesidad ineludible para la clase trabajadora y para la vida en nuestro planeta.

  • Mantener una independencia absoluta en cuanto a los intereses que como clase tenemos l@s trabajador@s respecto a cualesquiera otros objetivos de otras clases, sean estas las de la pequeña y mediana burguesías o las del gran capital. En la práctica ello supone rechazar las propuestas reformistas que defienden alianzas tácticas o estratégicas de la clase trabajadora con supuestos sectores de una pretendida “burguesía democrática” y apostar por una línea de clase contra clase. Ello no significa que no deban existir en ningún momento situaciones en las que a la clase trabajadora le interese mantener dichas alianzas tácticas con determinadas fracciones de la pequeña y mediana burguesías pero para ello es necesario que nuestra clase hegemonice dichas alianzas por su peso específico dominante, su organización y su capacidad para imponer dentro de las mismas sus posiciones. En otra situación, supone enfeudarse a los intereses de otras clases.

  • Hacer énfasis en el plano teórico y en la praxis de la defensa de unas posiciones clasistas, argumentarlas y dotarlas de significado identificable y claramente comprensible tanto en lo cotidiano como en el proyecto emancipador.

  • Analizar e interpretar la realidad política, económica, social e ideológica desde dicha perspectiva e integrar globalmente el conjunto de nuestra acción en ella.

  • Defender, cuando actuemos dentro de ámbitos más amplios que el de nuestra organización (movimientos de masas, plataformas, etc) la necesidad de una posición y unos objetivos de clase y marcar, desde ella, lo que nos hace reconocibles frente a otros planteamientos.


Todo lo anterior significa que tanto ante cada cuestión frente a la que adoptemos una posición como ante posibles campañas del EEC de mayor o menor recorrido, el concepto de clase debe ser el medio para recuperar una identidad necesaria, la única que puede abrir camino de liberación a la clase trabajadora y sacarla de la trampa interclasista y mantenedora de la desigualdad que propicia el sistema capitalista. Y, a la vez, el componente de clase como articulador que da sentido a la comprensión de la realidad y de la lucha debe de estar presente tanto en cada uno de los elementos constitutivos de la realidad como en su totalidad.

En este sentido, cabe plantarse la necesidad de atacar frontalmente y de presentar alternativas no solo frente al ciudadanismo sino a los nacionalismos como nuevos modos de uncir a las izquierdas al yugo de sus respectivas burguesías, lo que han logrado en gran medida. Y, por supuesto, bajo la de su subproducto, el fascismo, potencial en las identidades de tipo nacional. Asumir desde pretendidas posiciones de clase los enfrentamientos entre nacionalismos es abandonar dichas posiciones porque, en la práctica, la idea de la nación exige planteamientos interclasistas y anula la centralidad de la lucha de clases como práctica política.

En ese sentido cabe plantarse, ante los viejos y nuevos desafíos, la necesidad de organizar nuestra acción política en torno a cuatro escenarios de acción:

 

  • El eje de clase en los marcos de las necesidades de nuestra clase y en los que se expresa directa o indirectamente la contradicción capital-trabajo.

    • La empresa, los compañeros de trabajo más próximos y el movimiento obrero.

Necesidad de plantearnos cómo intervenir según la dimensión del foco. Necesidad de aprovechar el marco del conflicto, aún cuando sabemos que durante un tiempo va a ser muy salarista, para defender reivindicaciones que superen lo que ya asume el capital en muchas empresas (elevar los salarios para elevar el consumo). Es necesario que en las demandas de los trabajadores se vayan abriendo paso reivindicaciones que tengan que ver con las condiciones de trabajo, los contratos y su irregularidad, etc. Y, a la vez, transmitir el mensaje de que, si la presión y la lucha no se incrementan, se desaprovechará la posibilidad de recuperar conquistas, mientras se pelea por unos niveles salariales que no durarán, si la crisis vuelve.

Necesidad de acercanos desde donde trabajamos y desde donde podemos acercarnos, a las luchas emergentes de los últimos tiempos (camareras de hotel, telemarketing, sectores en proceso de desregulación laboral, en especial los afectados por la llamada “economía colaborativa”, logística,...) y otros que pudieran adquirir protagonismo en el futuro, como consecuencia de los procesos de depauperación por recorte o fin en el horizonte de los servicios (pensionistas).

    • El distrito y el barrio, con sus diferencias sociales evidentes. Donde al volver una esquina puede cambiar la composición social y donde las dotaciones sociales y de servicios se establecen, demasiadas veces, de forma inversa al grado de necesidad social.

    • Lo público, su voladura controlada y el modo en el que ésta ataca al salario de modo indirecto pero evidentemente empobrecedor. Es necesario atacar la transversalidad de la concepción de lo público como servicio (idea ligada a lo privado) y como concepto de derecho natural que excluye la idea de las luchas de nuestra clase que lo hicieron posible. Igualmente, es fundamental atacar la concepción de lo público como derecho ciudadano natural, ajeno al carácter histórico que ha generado su nacimiento. Negar el papel del movimiento obrero en su desarrollo es propio del discurso de clase media que rechaza la contradicción capital-trabajo, que actúa como colchón entre dicho antagonismo y que ignora que la evolución del capitalismo afectará a su existencia mediante un proceso de proletatización, Es desde el carácter histórico de la lucha de clases desde donde es necesario construir el discurso de la universalización de los derechos sociales como conquista de las mayoría social que constituye la clase trabajadora. Es necesario dirigir hacia ella los estratos intermedios de la sociedad (la clase media) un discurso que se oponga al suyo y que le sitúe ante la evidencia de su propia proletarización progresiva.


Pero esta sensibilidad hacia las luchas emergentes de sectores de la clase trabajadora no nos debe llevar a abandonar en absoluto los ámbitos y sectores laborales en los que hoy estamos actuando. Se trata de ampliar el marco, no de sustituirlo.

La clase trabajadora, aquella a la que pertenecemos quienes vivimos de un salario, no es una realidad estática y ahistórica sino una clase en proceso que va evolucionando en sus composición estructural interna, por lo que debemos estar atentos y analizar sus transformaciones para mejor comprenderla, interpretarla y conectar con la misma desde nuestra propia realidad de ser parte de la misma.

 

  • El eje de clase en el marco de la represión política.

 

    • Lo hemos trabajado escasamente debido a nuestra limitada capacidad de intervención pero cabe señalar que hemos abierto un discurso que ha tenido favorable acogida entre sectores políticamente conscientes pero no organizados, al menos dentro de la corriente antiautoritaria en genérico que domina plataformas, colectivos y organizaciones tanto autodenominadas de clase como próximas al reformismo ciudadanista y a cierta orientación libertaria.

    • La difusión de nuestro discurso respecto al carácter de clase de la represión se ha ido abriendo un pequeño hueco tanto en el entorno de las Marchas como en redes sociales. Pero para que ese discurso cuaje necesita influir más directamente sobre lo organizado y, a su vez, disponer de una mayor organización para su expresión, más allá de la propaganda.



  • El eje de clase desde una posición internacionalista.

 

    • La crisis capitalista, lejos de haber puesto en solfa la ideología que subyace bajo este sistema (darwinismo social, desigualdad, insolidaridad, violencia para mantener el poder económico-político, etc.) ha reforzado dichos valores, redirigiendo las demandas hacia el derecho de cada individuo a su propia supervivencia o, a lo sumo, de las colectividades particulares en lugar de hacia el conjunto de los explotados.

    • La dominación ideológica de los valores de la burguesía, sea en sus versiones liberales, conservadoras o reformistas del tipo "capitalismo de rostro humano" es hoy terriblemente poderosa. Es necesario recuperar la lucha ideológica que desmonte la falacia sobre la que se asienta el modo de dominación capitalista y sus líneas argumentales derivadas.

    • Ello empieza a expresarse socialmente en forma de rechazo desde segmentos crecientes de la sociedad e incluso de sectores de las clases populares contra quienes el capital arroja a la desesperación (parados de larga duración, sectores empobrecidos de la clase trabajadora activa, bolsas de jubilados con infrapensiones, inmigrantes sin papeles, etc.), que es el caldo del que se alimenta el nuevo fascismo.

    • También lo hace en clave de retribalización canalizada a través de la pequeña y mediana burguesías y que podría llegar a penetrar en el seno de la clase trabajadora. La llamada “izquierda” y buena parte de los grupos supuestamente más radicales han caído en el democratismo de impugnar solo al aparato del Estado y a su autoritarismo y falta de legitimidad pero apenas a la base material que niega la democracia que ellos solo buscan en lo político. Ello no debe significar en absoluto despreciar la importancia de la defensa de las libertades personales en el marco de la represión política que se ejerce contra nuestra clase. Pero caer en la trampa de cuestionar solo al aparato del Estado y sus políticas represivas, rebajando la importancia de su caráter de clase y de los intereses de la burguesía en no tocar la base material sobre la que se asienta aquél, el modo de producción capitalista, o vinculando principalmente la represión política a una cuestión de enfretamientos entre banderas es donde el nacionalismo y el fascismo de hoy encuentran su revitalización: en el juego que les hacen quienes han rechazado expresarse desde la clase y para la clase.

    • Desde una perspectiva de clase debemos vincular crisis capitalista y nacionalismo, crisis capitalista y fascismo, crisis capitalista y dirección de la disidencia desde sectores de la burguesía que creen en las relaciones sociales que crea el capitalismo pero que se debaten entre su defensa ideológica y la realidad de que este pueda arrojarles hacia unas clases subalternas.

    • Es necesario rechazar el discurso simplista que atribuye la recuperación del fascismo en el Estado español a una supuesta herencia institucional y cultural del franquismo y no a una reacción de las clases medias ante su futuro, a la incapacidad del capitalismo para ofrecerles estabilidad y progreso social y al refugio bajo banderas de una identidad colectiva a quienes viven bajo una crisis de pertenencia social.

    • Necesitamos afirmar un discurso que exprese frente a las patrias una identidad alternativa, iigualitaria, solidaria, internacionalista y que busca un sentido progresivo y superador a la historia. Y ello requiere una identidad capaz de calar no solo racionalmente sino emocionalmente porque nos oponemos a una vuelta al irracionalismo que necesita una oposición al mismo no carente de pasión.

 

  • La necesidad de recuperar la perspectiva marxista frente a los nuevos "utopismos de diseño"

 

    • En el marco de la crisis capitlalista alcanzaron gran difusión una serie de propuestas, teorías e ideas que, al igual que el socialismo utópico que criticaban Marx y Engels son salidas hacia "soluciones" individuales revestidas de apariencia colectiva. Pero además, propuestas como la llamada "democracia participativa" (en sus formatos 2.0 o wikidemocracia), los huertos urbanos, la llamada economía del bien común, cuyo modelo de uberización de las relaciones laborales ya ha mostrado su auténtico rostro, la renta básica, la "economía de los cuidados", la teoría del decrecimiento o las cooperativas de consumo, entre otras, son un paso atrás porque maquillan el capitalismo y sacan las relaciones sociales de la realidad del antagonismo capital-trabajo. Son irrealizables pero además tienen un transfondo reaccionario ya que ocultan la base real de la desigualdad.

    • Es necesario hacer un esfuerzo didáctico y explicativo que, desde la teoría marxista, desmonte todo el aparataje ideológico y la ideología subyacente, funcional para el sistema capitalista, pues no lo cuestiona, de estos nuevos utopismos. Y a la vez, trabajar por la difusión de la propuesta comunista para la clase trabajadora.

 

La propuesta de estas cuatro líneas políticas necesita ser debatida, examinada a la altura del momento presente y de la previsible evolución de las tendencias futuras, evaluada desde la viabilidad de llevarlas a cabo de acuerdo a nuestras capacidades, planeada en su ejecución práctica y desarollada desde una aplicación concreta.

En este sentido cabe plantearse la necesidad de una formación política de los militantes que no solo atienda al plano teórico y general del marxismo sino al análisis de los acontecimientos presentes y que contribuya a ir fijando posiciones del EEC de acuerdo al principio del análisis concreto de la realidad concreta.

Espacio de Encuentro Comunista

 

Índice textos IV Asamblea:

Memoria de actividades

Contexto y áreas de intervención

Líneas de trabajo político futuro (este texto)

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