Mi valoración personal de la reunión del EEC (Espacio de Encuentro Comunista), del 26S.



@VigneVT


Mi valoración personal de la reunión del EEC (Espacio de Encuentro Comunista), del 26-S.
 
Imagen: Treptower Park (o Treptower Memorial) Berlín
Flickr Images of Communism
 

Lo que sigue es una valoración-reflexión muy personal y subjetiva de la reunión del EEC el pasado 26 de septiembre.

Encontrar lo que nos une
Acerca de los comunistas, alguien me decía hace poco: "camarada es la gente de tu partido; los demás solo son compañeros". ¿Será?
 
En absoluto estoy de acuerdo con esta lectura tan restrictiva que se me antoja corta de miras y que desde un malsano corporativismo de partido, desdibuja lo que significa la identidad política comunista. Hasta diría que es una valoración políticamente nociva. Para un comunista, "camarada" no solo es (o al menos no debiera ser) aquel que milita en su misma organización; también lo es el que, compartiendo el corpus de ideas básicas, milita en otras organizaciones o incluso no está integrado en partido alguno. A pesar de las contradicciones, enfrentamientos, fragmentaciones patológicas, fobias, desencuentros frecuentes, animadversiones enquistadas... entre los comunistas, existe una fraternidad básica que emerge de ideas compartidas (esfera racional) y de sentimientos profundos (esfera emotiva), y que conduce a identificarnos como fraternos cuando nos encontramos. Porque hasta sería contradictorio ser internacionalistas hasta la médula como somos, y a la vez no ser capaces de ver más allá del estrecho marco que circunscriben los partidos concretos por muy importantes y valiosos que sean algunos de estos.
 
Hago esta reflexión porque si alguno me pregunta por el EEC (Espacio de Encuentro Comunista) del pasado día 26 de septiembre, si tuviese que resumirlo yendo a la esencia, diría: nos hemos encontrado camaradas que se han reconocido como iguales entre sí, por encima de cualquier otra diferencia y circunstancia. ¿En serio os parece poco?
 

Aquellos que parecen abonados a la queja por la queja, a la permanente insatisfacción y que hasta se declaran en divorcio con su propia sombra cuando la contemplan, esto les parecerá poco, insignificante. Cuando publiqué la entrada "¿Por qué apoyo el encuentro comunista de Madrid?", alguien en un comentario despectivo se planteaba si esto iba de "Una asamblea amorfa, un simple espacio de debate, otro grupo de terapia psicológica al estilo de lo que fueron las asambleas del 15-M". No creo que la mayoría de los comunistas necesiten esa "terapia psicológica", entre otras cosas porque la fortaleza mental es un rasgo que les caracteriza; si acaso algunos necesitasen tal terapia (los menos) serían aquellos que son muy dados al 'yo tengo la verdad absoluta y todos los demás están equivocados', y cuya existencia transcurre focalizada más en el mundo onírico que en el mundo real.

Sin embargo, una de los aspectos más notables del EEC es que todos tienen cabida en él, también estos últimos. Y para que esto resulte factible, todos deben hacer un esfuerzo por dejar el cuchillo en casa y asumir que encontrarse significa estar dispuestos a un diálogo honesto, sosegado y muy respetuoso, desde una voluntad de generosidad, escuchando a los demás e intentando comprender los puntos de vista de otros que a lo mejor no son los puntos de vista propios. Asumir esto conduce a que podamos encontrar lo que nos une, que es mucho más que lo que nos separa. Tal es la filosofía práctica que creo haber visto en la reunión del EEC y en la razón de ser de la iniciativa. Y a quien tenga la tentación de pensar que esto es poco, le pregunto: ¿cuándo se ha hecho algo así? Por ello me parece un planteamiento novedoso y necesario hoy más que nunca.

Como iniciativa abierta, lógicamente el EEC necesita ir ajustándose, perfilándose, tomando forma. Es posible que el que haya asistido haya percibido (quizás) el conjunto de intervenciones de los asistentes como una mezcolanza de ideas muy variadas y dispares, sin un hilo conductor sólido, con cierta ausencia de nitidez... Pero esto es precisamente una consecuencia del carácter abierto y una garantía de que el EEC irá tomando forma colectivamente, sin los clásicos personalismos que actúan desde trastiendas y escenarios opacos. En este sentido, a pesar del ruego inicial de que las intervenciones se ciñesen a los temas, habló el que quiso y expresó lo que consideró oportuno. De esta forma se pudo percibir el juego diverso de expectativas  y posicionamientos bastante variados. No deja de ser positivo y necesario, ya que en una primera reunión me parece importante que cada cual haya puesto sobre la mesa lo que piensa y espera, aunque en ocasiones haya quien se desvíe del punto a tratar .

El peso de Madrid

Siendo la reunión en Madrid, es lógico que se notase una fuerte presencia de militantes y ex-militantes madrileños. Lo cual no deja de ofrecer un cierto riesgo que estoy seguro que el EEC sabrá neutralizar. Madrid siempre ha sido muy importante para la izquierda, ya desde los tiempos de la Transición. Pero también desde siempre, la izquierda madrileña (hablo de izquierda en general) se ha caracterizado por vivir en el lío y conflicto crónico. Algunos de los problemas que afectaron y/o afectan a la izquierda madrileña es cierto que competen a todos y que trascienden el marco madrileño, pero hay otros muchos problemas que son estrictamente locales y que no deben de tener proyección sobre el conjunto. La expansión del EEC en otras comunidades debe evitar este sesgo madrileño y por lo que vi y escuché creo que hay conciencia y voluntad del EEC por impedir que se dé. [Nota autocrítica: es verdad que a los que somos de otras comunidades nos gusta hablar de los líos de Madrid y del "manicomio" político que a veces parece la izquierda madrileña desde la Transición. Pero también es vedad otra cosa: que en todas partes cuecen habas y que lo que criticamos a la izquierda madrileña se da también en otros muchos sitios sin que le otorguemos la misma atención.]

¿En búsqueda del partido perdido?

Entre las numerosas intervenciones, se escucharon algunas voces que lo que venían a expresar era la necesidad de construir un partido comunista, un planteamiento que me parece equívoco. Dos cosas sobre esto:

Por un lado, creo que el EEC ha dejado claro que la construcción de un partido no es el objetivo, como tampoco lo es presentarse a unas elecciones. En tanto que herramienta colectiva que sea capaz de articular a militantes y no militantes, el EEC no puede ser un partido. Así lo entendí y me parece muy correcto.

Por otro lado, entiendo que muchos camaradas tengan cierto sentimiento de orfandad de partido o que, simplemente, rechazando lo que hay, aspiren a formar parte de un partido que les convenza y que todavía no existe. Pero se llamarían a engaño si viesen en el EEC la posibilidad de satisfacer estas aspiraciones. Aunque el EEC deba afrontar ahora cómo resolver la forma de organizarse, el camino a construir no corresponde con lo que muchos de estos camaradas pueden estar esperando, de manera que es importante que comprendan que el EEC ni es (o no debiera ser) el sustituto ni del partido perdido ni del partido añorado o deseado. Esta cuestión me parece fundamental.

El EEC, ¿incompatible con la militancia en partidos?

Ligado a lo anterior está la duda de si la pertenencia al EEC es compatible o no con la militancia en un partido determinado. De hecho hay personas que me lo preguntan. Después de la reunión del 26-S, entiendo que se ratifica la idea expresada en la convocatoria: el EEC está abierto a militantes y no militantes, ya que se pretende construir un marco integrador. Poco importa que se tenga un carnet o no.

Sin embargo, observando que muchos de los asistentes eran o fueron hasta hace poco militantes (algunos seguimos siéndolo), me parece esencial tener muy en cuenta que cada uno de nosotros llega a título estrictamente personal. Nos encontramos personas, camaradas, que precisamente pensamos que para que tal encuentro sea factible debemos trascender el estricto y limitado marco corporativo de partido. Buscamos una herramienta más allá de los partidos y de la vida política centrada en dinámicas electorales.

El difícil problema a resolver, un problema de todos.

Es obvio que un comunista aspira a construir una sociedad socialista. Por mucho que se maquille y ofrezca rostro seductor, rechazamos cualquier forma de capitalismo. Pero el gran problema a resolver es cómo hacerlo. Tenemos muy claro que nos encontramos en "A" y que queremos llegar a "B", pero nadie a día de hoy tiene una idea concreta de cómo llegar desde A hasta B; es decir, del camino a recorrer entre A y B. Y casi diría que afrontar este problema es la gran razón de ser del EEC, siendo un problema que debemos resolver colectivamente y que en absoluto resulta fácil.

El griego Antonis publicaba no hace mucho un artículo en leninreloaded.blogspot.pt y que publicamos traducido en el blog del viejo topo con el título "¿Qué es "la Izquierda"? Diez observaciones". Básicamente lo que plantea el autor es el callejón sin salida en el que se encuentra la izquierda: entre un reformismo fracasado que aunque se plantee ser transitivo (teóricas transiciones largas y muy lentas hacia el socialismo) lo cierto es que acaba fortaleciendo la maquinaria de dominación capitalista una y otra vez, y las dificultades aparentemente insalvables de operar una ruptura. ¡Difícil problema a resolver! En el fondo se trata de lo que decía más arriba: cómo trazar un camino concreto, creíble, empírico, verificable... entre A y B.

No es fácil saber cómo podemos romper ese nudo gordiano, cómo solucionar el problema. Ningún partido tiene la solución más allá del plano retórico. Pero de algo sí estoy seguro: solo colectivamente seremos capaces de encontrar una salida. Y ello requiere que previamente... ¡nos encontremos! Y es precisamente esto una de las mayores fortalezas potenciales que tiene el EEC.

Profundizar en la cultura comunista

Hace poco, en "Contra la izquierda. La izquierda como problema de la izquierda", planteaba las carencias de la cultura política que nos caracteriza a los comunistas y a la izquierda en general. Una idea por muy buena que sea, al final el factor humano es el decisivo porque las ideas no se desarrollan solas.

Quizás por mi condición de antropólogo, la cuestión de la cultura política me interesa y preocupa especialmente. Necesitamos profundizar, pulir, mejorar, desarrollar... una cultura política acorde con la naturaleza anticapitalista de la izquierda comunista. Si somos sinceros, deberíamos reconocer que este factor falla una y otra vez, aunque luego nos guste culpar a otros de nuestros males.

Precisamente por lo que acabo de decir, creo que el EEC pudiera llegar a ser el germen de esa nueva cultura política que necesitamos (nueva no porque sea nueva, sino porque debe ser sustancialmente mejorada y desarrollada). En Madrid percibí pinceladas de esto, flashes de esas necesarias coordenadas en las que deben estar la cultura política comunista. Y aunque soy consciente de que muchos despreciarán esto que digo, estoy convencido de que precisamente tal debe ser el punto de partida (además, por supuesto, de un posicinamiento político básico y compartido).

Nico García Pedrajas, a quien me encantó conocer (lo mismo que al resto de los camaradas que no conocía), lo expresaba muy bien en "Una reflexión sobre la primera reunión del Espacio de encuentro comunista: No estamos solos":

    la necesidad de recuperar la cultura de la colaboración entre camaradas. Estamos demasiado acostumbrados al recelo y la desconfianza y a ahondar en las diferencias en lugar de preocuparnos en lo que nos une.

*  *  *

Pretendía escribir una especie de crónica de la reunión del ECC. Me temo que me ha salido otra cosa distinta, un cuadro expresionista a base de pinceladas que vienen a expresar mi valoración pero sobre todo la reflexión que puedo realizar a raíz del encuentro del 26-S.

Sinceramente creo que necesitábamos algo así y ahora toca que el ECC vaya tomando forma y se vaya perfilando. Si somos capaces de cambiar el chip, de pensar y actuar desde esa cultura de la colaboración que menciona Nico, entonces estoy seguro que estaríamos comenzando a construir una poderosa herramienta de transformación.


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