En defensa de las pensiones públicas y contra la creación de alarma social por parte del capital, sus voceros y su gobierno



    Desde hace algunas semanas la prensa económica y las secciones de economía de los diarios generalistas se han lanzado de nuevo a su batalla contra las pensiones. No es la primera vez que lo hacen ni será la única.

 

    Ahora vuelven al ataque con la excusa de que en el Fondo de Reserva de las Pensiones (la llamada caja de las pensiones) no queda ya más dinero que para la paga extraordinaria de diciembre, a la que han añadido la archirrepetida cantinela del envejecimiento de la población o la falta de empleo suficiente para sostener las pensiones. Todo sea por ampliar el sustancioso mercado de fondos privados de pensiones de los bancos y financieras, para ir “mentalizando” a los trabajadores para que acepten las rebajas futuras de esta prestación de la que ya hablan los “expertos” a sueldo del capital y los bancos, que prepara silenciosamente el gobierno para un futuro no lejano, y una reducción de las aportaciones empresariales a la Seguridad Social de los trabajadores que reclaman los empresarios (CEOE).

 

    En ese sentido, la reciente intención del gobierno de permitir rescatar las aportaciones a planes de pensiones privadas, sin penalización, ni necesidad de justificación causal de motivos para retirarlas, lejos de ser un elemento que desincentive su contratación, parece ser un espaldarazo destinado a estimularla, al acabar con uno de los frenos que potenciales contratantes de los mismos pudieran tener a hacerlo.

 

    Quienes buscan degradar nuestras pensiones, que conquistamos con nuestro trabajo y lucha, hasta situarlas en poco más que limosna pública, ocultan que las pensiones están ligadas al salario y que si estos son de miseria, lo serán las propias pensiones; ocultan que el notable aumento que ha experimentado la productividad en España permitiría incrementar la aportación empresarial a la Seguridad Social de los trabajadores y que, tan solo con eliminar las horas “extraordinarias” no pagadas a los trabajadores, aumentaría el empleo en cientos de miles de personas. Y todo ello redundaría en una mayor solidez del sistema de pensiones públicas en España.

 

    Las políticas antisociales del gobierno Rajoy han hecho olvidar a muchos que el primero que le dio un ataque brutal a las pensiones fue el gobierno Zapatero, incrementando la edad de la jubilación y congelando la subida de las mismas en un miserable 0,25% mientras el índice de la vida se disparaba de forma galopante.

 

    Actualmente gobierno y “oposición” mantienen reuniones del Pacto de Toledo sobre las pensiones, reuniones con un alto grado de secretismo, a pesar de que chalanean con nuestras conquistas sociales. De momento, no hay más que conversaciones, informes de pretendidos “expertos” y discusiones de algunas directrices generales acerca de su “sostenibilidad” que, como siempre, tiene un aroma a recortes. Así el llamado Factor de Sostenibilidad de las pensiones, que se empezará a aplicar a partir de 2019, corre peligro de ser uno de los grandes enemigos de la actualización al alza de las mismas, actuando más bien como un medio para que las nuevas pensiones sean de menor cuantía que las de quienes se jubilaron antes de ese año. De momento, ninguno de los interlocutores parlamentarios parece querer aparecer como el malo; tampoco el partido del gobierno, que tiene una agenda delicada con otras cuestiones. Pero, si tras las próximas elecciones generales, alguno de los partidos con posibilidad de gobernar obtuviera mayoría absoluta, debemos estar preparados para un ataque más decidido y brutal a los subsidios de jubilación. En cualquier caso, si Rajoy tuviese la posibilidad de hacer de manera definitiva, lo que Zapatero hizo de forma puntual, y de hacerlo dentro del Pacto de Toledo, esto es, de desligar pensiones de Índice de Precios al Consumo, la bajada de las mismas será muy acentuada.

 

    Es necesario que l@s trabajador@s en paro u ocupados, en edad activa o pensionista, nos organicemos en defensa de las conquistas que quieren arrebatarnos y que lo hagamos teniendo claro algunos principios básicos:

 

  • Que las pensiones, como tampoco lo es la sanidad o la educación públicas, los salarios dignos, no son Derechos Humanos, como pretenden hacernos creer progres y reformistas, sino partes de un proceso histórico en el que la clase trabajadora arrebató con sus luchas conquistas sociales que la burguesía y su Estado nunca hubieran entregado gustosamente. Esta cuestión es decisiva porque marca la importancia de la lucha de clases en la dignificación de la vida de l@s trabajador@s.

  • Que no podemos desligar las pensiones (salario diferido) del salario directo (lo que el trabajador ocupado cobra cada mes) porque cuanto más bajos son sus sueldos menor es la cotización para su pensión futura.

  • Que la defensa de los salarios y de las pensiones debe ir acompañada de la de los salarios indirectos (sanidad, educación públicas, …) porque son las tres formas de salario (directo, indirecto y diferido) los que están siendo atacados por el capital y sus gobiernos de turno.

  • Que la precarización del empleo, derivada de la descausalización del contrato de trabajo, ha traído mil formas de contratos basura y empleo inestable que han dado lugar a crecientes dificultades para que el trabajador pueda completar una vida laboral lo bastante extensa para asegurarse un futuro con pensiones dignas e incluso con acceso a las mismas. Luchar por un empleo de calidad, estable y bien remunerado es una garantía para nuestras pensiones públicas.

  • Que debemos rechazar el espantajo que nos quieren poner ante los ojos los medios de comunicación del capital del agotamiento del Fondo de Reserva de las Pensiones (la caja de las pensiones) porque conlleva un doble veneno. Por un lado, se intenta asustarnos para que admitamos que ésta es la causa de la pretendida crisis de las pensiones públicas, cuando en realidad lo es la ruptura de la fuente única que hizo en su día el Pacto de Toledo, al sacar las pensiones contributivas de los Presupuestos Generales del Estado. Por otro, establecida la primera falsedad, se intenta desmovilizar con ello a los trabajadores, llevándoles a resignarse ante el ataque a las pensiones públicas.

 

    La defensa de las pensiones es una lucha lo bastante significativa para que las organizaciones que se reclaman de clase vuelvan a volcarse en la prioridad de la defensa de los intereses de l@s trabajador@s, después de meses subordinados a determinadas “demandas democráticas” de algunos sectores de la burguesía; es un momento para reclamar la autonomía de nuestra clase frente a cualesquiera otros intereses que no son los nuestros, algo que contribuye a debilitar nuestra capacidad de respuesta ante las constantes agresiones que venimos sufriendo desde el inicio de la crisis capitalista.

 

DEFENDAMOS NUESTRAS CONQUISTAS, DEFENDAMOS NUESTRAS PENSIONES, DEFENDAMOS NUESTROS EMPLEOS Y NUESTROS SALARIOS.

ORGANICÉMONOS COMO CLASE PARA ORGANIZAR LAS LUCHAS.

 

Espacio de Encuentro Comunista (EEC)

13 de diciembre de 2017

 


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