Feminismo

Publicado el 15 Nov 2016

La señora Clinton y su techo de cemento: sobre la incongruencia del discurso liberal y feminista posmoderno

Desde los años 80, la clase dominante de los países del capitalismo avanzado han puesto mucho empeño en convencernos de que las clases sociales no existen y lo único que hay es una suma de individuos que se diferencian entre sí por su edad, sexo, etnia u orientación sexual. Tal ha sido el empeño, que incluso en los espacios de la izquierda -o la pretendida izquierda- esta ideología liberal ha calado hasta los huesos, y no menos en los movimientos que en su origen se formaron para luchar contra la opresión de las mujeres, las minorías raciales, los homosexuales y transexuales. Este absoluto olvido de lo social, y de los mecanismos que posibilitan la reproducción de las relaciones capitalistas, es lo que genera ese discurso construido sobre falsos argumentos con apariencia de verdad (o sofismas), de que hace gala el feminismo liberal-posmoderno, de marcado carácter burgués, que tiene sus altavoces en los grandes medios de comunicación. Un buen ejemplo es el tratamiento que estos han dado a las recientes elecciones presidenciales norteamericanas y la subsiguiente victoria de Trump frente a Clinton (no por voto popular sino por número de delegados en el Colegio Electoral, que es el órgano que elige al presidente y vicepresidente)1.  

El mensaje difundido es que llamar misógino/a o sexista a cualquiera que se oponga a dar su voto a un candidato mujer es un argumento de peso, por mucho que los motivos de la negativa nada tengan que ver con el sexo ...

Leer más...


Publicado el 05 Ago 2016

La señora Clinton y su techo de cristal.

En el Wells Fargo Center de Filadelfia, el pasado 27 de julio, la Convención del Partido Demócrata de los Estados Unidos (DNC por su siglas en inglés), celebraba el nombramiento oficial de Hillary Clinton como candidata a la presidencia del país. Ella no estaba presente, se hallaba en Nueva York; pero eso no le impidió hacer una espectacular aparición entre sus fervientes admiradores. Tras el anuncio solemne del nombramiento, la pantalla gigante que presidía el escenario mostraba un mosaico compuesto por las caras de los últimos 43 presidentes de la nación; caras que, a continuación, saltaban por los aires en forma de añicos de cristal trayendo a primer plano la oronda y risueña de la señora Clinton.1 Con esta metáfora, la candidata se presentaba al mundo luciendo la insignia de haber logrado resquebrajar el “techo de cristal” (Para quienes no estén familiarizados con la expresión: conjunto de obstáculos invisibles que supuestamente encuentran las mujeres para alcanzar la posición más alta en una jerarquía, sea laboral, política, empresarial o académica).

 

Desde aquella pantalla de plasma, sus primeras palabras fueron de agradecimiento a sus seguidores y seguidoras por haberla ayudado a “agrandar la grieta en el techo de cristal”. Después se dirigió, con tono de maternal complicidad, a las niñas que “ahí fuera” estuviesen viéndola, para darles la buena nueva de que “puede que yo me convierta en la ...

Leer más...