Documento de la V Asamblea - Introducción



El 22 de octubre de 2022 se celebró la V Asamblea del EEC. Comenzamos aquí una serie de artículos en los que publicamos los capítulos que componen el documento aprobado en la Asamblea.

 

Introducción

 

El Espacio de Encuentro Comunista se conformó hace ahora seis años. Ya desde los textos del llamamiento dejábamos claro que nuestra intención era contribuir a la reorganización dentro del ámbito comunista, para lo cual una de nuestras propuestas pasaba por aparcar lo que nos separaba, construyendo a partir de lo que nos unía. La tarea así expuesta podía parecer la búsqueda de un compromiso de mínimos. Sin embargo, pensamos que el tiempo transcurrido nos ha mostrado que el asentamiento y la difusión de estos “mínimos” es en realidad una tarea imprescindible por sí misma.

Un examen de nuestra página web deja claro dónde hemos querido poner el foco: se podrá encontrar la esencia del método marxista en la selección de los textos clásicos que hemos tomado como referencia, en las páginas y blogs de los autores marxistas que los mantienen vivos hoy día (todo ello en la sección de formación), en los artículos y documentos propios que hemos elaborado, en nuestra explicación de los conflictos en que participamos como trabajadores, así como en las crónicas -siempre detalladas- de las reuniones que mantenemos. No creemos que puedas encontrar un tratamiento nostálgico o anquilosado; todo lo contrario. Nuestra experiencia colectiva en el EEC nos refuerza en la idea de que cuanto más aprendemos a utilizar las herramientas del marxismo para analizar la realidad, más conscientes somos de su vigencia y de su capacidad explicativa.

Sin embargo, quien haya seguido nuestras crónicas habrá detectado la queja frecuente entre los asistentes de cómo la formación, la discusión y el análisis de la realidad en términos marxistas han estado ausentes durante su anterior vida militante, incluso entre camaradas que han estado peleando durante décadas en organizaciones de clase. Y si en las propias organizaciones que se reclaman comunistas no se han manejado más que cuatro lugares comunes desvirtuados tras su paso por los filtros del siglo XX, en la calle los trabajadores han perdido cualquier referente del sistema que, a nuestro juicio, mejor sigue explicando el capitalismo, y del que podemos decir orgullosos que nació para servir a nuestros intereses.

De esta forma, esos mínimos comunes que en un principio nos parecían un punto de partida firme y ya establecido sobre el que construir, se han revelado como un objetivo fundamental en sí mismos, y poco a poco nos damos cuenta de que su devolución al primer plano precisa de toda nuestra atención. En estos momentos consideramos que no hay tarea más urgente que recuperar un discurso basado en criterios de clase propios.

El estudio detallado de las reglas del capitalismo -y de las consecuencias que se derivan de ellas- las estableció Marx como exponente más avanzado de la estirpe de economistas que descubrieron que el valor se asentaba en el tiempo de trabajo:

  • El modo de producción capitalista tiene como objetivo la creación de plusvalor, para lo cual la producción de bienes y servicios no es más que el soporte necesario, pero no el fin. El valor (del cual el plusvalor es una parte) se corresponde con el trabajo abstracto que aporta un trabajador, sea cual sea su actividad laboral concreta.

  • La manera en la que se entra en el proceso de producción es clave. Los trabajadores, que producen con su trabajo todo el valor, lo hacen solo a cambio de una parte de él conocida como salario, que no cubre más que la reproducción de su fuerza de trabajo como clase para ese período, y por eso se llama trabajo necesario. Los capitalistas, en su calidad de propietarios de los medios de producción, se apropian de todo el trabajo excedente en forma de plusvalía, la cual incrementa el capital con el que entraron al proceso productivo.

  • Así pues, dado que el pluvalor que se crea es generado por una clase y apropiado por otra, tenemos los dos conceptos clave que definen a este modo de producción: la explotación como relación social de producción y la clase como sujeto colectivo esencial.

 

Derivados de estas reglas de funcionamiento, el capitalismo se topa con unos límites internos que le imposibilitan para cumplir los objetivos que sus defensores pretenden adjudicarle:

  • El capitalismo no puede ser un sistema democrático. Su punto de partida es el de la división de la sociedad en clases con intereses contrapuestos y, por tanto, en conflicto permanente e insalvable. Dado que los asalariados necesitan vender su capacidad de trabajar (su fuerza de trabajo) para conseguir los medios con los que garantizar su reproducción y solo el capital puede hacer de comprador, es el capital quien tiene la llave para imponer en última instancia sus intereses.

  • El capitalismo no puede llevar el progreso técnico y social hasta sus últimas consecuencias deseables. Existe un conflicto entre las dos formas que adquiere el producto social: por un lado bienes necesarios para nuestro supervivencia y disfrute y, por otro lado, meros soportes del verdadero fin, el incremento del capital. Esto da lugar a todos los desequilibrios que caracterizan a este modo de producción y que no pueden explicar los economistas no marxistas: crisis de obtención de valor mientras millones de trabajadores no pueden trabajar aunque lo deseen y lo necesiten, “bonanzas” económicas en las que la mayoría de la población no obtiene más que un salario de supervivencia, un nivel de vida menguante y una vida laboral más larga en medio de una productividad creciente, etc.

Si estos límites y desequilibrios no desembocan en el caos es porque sus reglas componen, al fin y al cabo, una lógica que desde hace doscientos años satisface en modo suficiente la reproducción social. Seguramente habrá a quien le parezca inusual calificar de lógica a unas normas sociales sustentadas en la explotación y que son fuente de todo tipo de opresiones, desperdicio de recursos naturales, aniquilación de otros modos de vida, crisis recurrentes, etc. Pero sin ánimo de caer en ningún tipo de fatalismo, hay que tener en cuenta que estas reglas actúan de forma automática en contra de cualquier gobernante, política, empresa o institución que se limite a ignorar sus directrices. Hablar de lo “justo” o “injusto”, lo “digno”, lo “sostenible” o “insostenible”, etc. sin negar esta lógica desde su raíz en la explotación del trabajo no es más que una propuesta idealista o una distracción destinada a perpetuarla.

La destrucción de esta lógica solo puede ser obra de la clase trabajadora, pues ella es la clase explotada. Pero no basta con que la mayor parte de la población pertenezcamos a esta clase. La necesidad de acción consciente de los trabajadores y trabajadoras -y no de vanguardias o de “representantes”- hace necesario que el análisis que acabamos de presentar someramente retorne a la clase y tome cuerpo en organización autónoma. En estos momentos nos parece cada vez más necesario volver a esta casilla de salida que se estableció con la máxima precisión hace ciento cincuenta años. No lo entendemos como un retroceso, sino como la preparación paciente de la nueva ofensiva. El conocimiento y la experiencia acumulados en este tiempo serán valiosos, pero debemos ser conscientes de que llevamos las alforjas llenas de teorías ajenas al marxismo, algunas fruto de procesos propios fallidos y otras dejadas ahí por un capital que ha estado campando a sus anchas durante décadas en nuestro propio campo.

Los análisis que siguen pretenden aplicar el análisis marxista que tan sucintamente hemos expuesto en diversos ámbitos de nuestro mundo actual. Esperamos que los encuentres explicativos, pues ello indicará que son una herramienta de análisis útil. A partir de ahí solo podemos invitarte a profundizar (si lo deseas, con nuestra ayuda) o incluso a organizarte con nosotros.

 

* * * * *

 

Partiendo de la base que hemos expuesto, el texto que sigue intentará defender varias tesis que conforman un cuadro único. No partimos de cero. Quién haya seguido nuestro trabajo durante los últimos cuatro años podrá darse cuenta de que estamos dando forma a un análisis de la realidad económica, política y social de las últimas décadas desde la perspectiva del conflicto entre el capital y el trabajo: un análisis de clase. Desde nuestra humildad y desde nuestros modestos medios, pero con la convicción de que explicarnos la realidad que nos rodea es el primer paso para poder cambiarla.

Por un lado, vamos a delimitar el contexto en el que se puede situar la realidad actual, y veremos por qué presenta características diferenciadas o cambiantes, pero también por qué es perfectamente explicable desde las pautas generales del capitalismo. Veremos cómo la dificultad del capital para la obtención de beneficios retornó al capitalismo global -y al occidental en particular- en los años setenta. De forma progresiva, el capital reaccionó con todas sus herramientas ideológicas, institucionales legales, coercitivas, etc., para restaurar la rentabilidad, lo cual equivale a aumentar la explotación. Si bien el sistema utiliza vías complementarias -que aparentan ser fuentes alternativas de valor- según el contexto lo requiera (financiarización, globalización, proteccionismo, etc.), aclararemos que todas desembocan de una manera o de otra, más tarde o más temprano, en la necesidad de crear y apropiarse de más valor por las únicas dos vías disponibles: por un lado creando nuevas fuentes de valor y, simultáneamente, transfiriendo el mayor valor posible del trabajo al capital.

También comprobaremos que las medidas tomadas no fueron reacciones arbitrarias, pues regirse por el modo de producción capitalista -no el del año tal o cual, sino el capitalismo en cualquiera de sus manifestaciones evolutivas o coyunturales- obliga a empresarios, estamentos y gobernantes a seguir la lógica interna que condiciona cualquier interés social al interés particular de los propietarios de los medios de producción. Es decir, una lógica que bloquea la producción y disfrute de los bienes y servicios que la sociedad podría producir si ello no aporta un incremento del valor del que se apropia la clase capitalista. Esto hace que el alcance de cualquier acción reformista esté limitada, en el mejor de los casos, por el respeto al beneficio empresarial y la reiteración de sus crisis internas. Comprobaremos cómo, en el capitalismo, el Estado es Estado al servicio del capitalismo (incluyendo aquí instituciones internacionales como la Unión Europea, etc.) y seguiremos el proceso por el que el capital ha utilizado todos sus resortes para aumentar la explotación a nivel global, independientemente de que haya capitales cuyos intereses momentáneos les inclinen por el “libre mercado” o el “proteccionismo”, o a que sus representantes alternen entre el “conservadurismo” o el “reformismo”. Es en este aumento de la explotación donde podemos encontrar la explicación a la proletarización creciente, y es en las contradicciones que genera donde surgen los conflictos y las crisis de representación que el capital intenta gestionar.

Llegados a este punto, afirmamos que solo desde una opción que parta de la superación del modo de producción capitalista se puede plantear una alternativa de democracia y crecimiento planificado según los intereses sociales y el respeto por los límites naturales. Por ello, solo la acción organizada de aquellos y aquellas que crean la riqueza y son expropiados de ella -la clase trabajadora en toda su diversidad- puede dirigir el cambio que lleve a un nuevo modelo de sociedad sin explotación, sin opresiones y sin desigualdad; una sociedad acorde con los principios humanistas sin los cuales no se puede comprender el comunismo.

 

Con la intención de demostrar estas tesis, vamos a presentar nuestro análisis en varios apartados. Comenzaremos concretando en un breve apartado inicial el contexto en el que se encuentra el sistema capitalista en las últimas décadas. Algunos identifican este contexto como fruto de unas políticas a las que llaman neoliberales, a las cuales tratan como una distorsión de un supuesto capitalismo más benévolo. En contra de esta idea, defendemos que el capitalismo evoluciona de acuerdo a sus reglas, y las políticas llamadas neoliberales no son más que una consecuencia de estas, no son su causa.

En apartados sucesivos vamos a analizar en tres niveles cómo se pone de manifiesto este contexto, dedicando un apartado a cada uno de ellos. Comenzaremos con el apartado internacional, en el cual trataremos con cierto detalle tres aspectos. a) En primer lugar vamos a resumir la evolución de la economía mundial durante los cuatro años pasados desde el análisis presentado en la asamblea anterior, algo necesario para poder calibrar el margen de maniobra del que disponen las economías locales; b) En segundo lugar entraremos en la eterna polémica entre libre mercado y proteccionismo, puesta nuevamente de moda bajo los nombres de globalización y nacionalismo o “soberanismo”, y podremos comprobar que las idas y venidas periódicas entre ambas tendencias no son sino respuestas a las necesidades del capital; y c) En el tercer y último punto de este apartado ofreceremos unos apuntes que tratan de explicar la función de la Unión Europea en el contexto histórico y geográfico que hemos expuesto.

Para abordar el apartado socio-económico nacional haremos un análisis a dos niveles temporales. a) En el primero explicaremos cómo se ha integrado la economía española en este contexto del capitalismo de las últimas décadas, y comprobaremos cómo la manera de actuar de todos los gobiernos que hemos conocido desde la dictadura no hacen más que aplicar según la lógica del capital las pautas globales que vimos en el apartado anterior según las características propias del capital español; y b) En el segundo nivel veremos la evolución de nuestra realidad económica y social en los últimos años, dando alguna pincelada de la integración en el euro, centrándonos en los años de la crisis y calibrando las vías que se pueden abrir a partir de ahora.

Sin abandonar el plano local, en el apartado político nacional nos proponemos comprender qué problemas está encontrando el capital para fijar una opción de representación política en el gobierno central. En contra de las teorías de crisis de régimen, defendemos la idea de que la lógica del capital está firmemente arraigada, tanto como ideología hegemónica en la sociedad como en su concreción en el capital del Estado español, cuyos intereses están defendidos como en cualquier otro estado burgués europeo. Así, frente a la idea de una supuesta crisis de legitimidad, afirmamos que el capital solo tiene problemas en el ámbito de la representatividad de sus intereses.

Si las secciones enumeradas hasta ahora tienen éxito, habremos podido comprobar cómo el capital hace evolucionar sus estrategias para aumentar la explotación sobre el conjunto de la clase trabajadora global. Pero antes de concluir dedicaremos un apartado especial a la situación de las mujeres de la clase trabajadora, donde constataremos que los efectos de este proceso pueden adoptar formas particulares según seas hombre o mujer.

Finalmente, nos preguntaremos en el último apartado sobre qué es la organización comunista. Si en asambleas anteriores el trabajo organizativo se centró en el funcionamiento interno del EEC -podríamos asimilarlo a la elaboración de unos estatutos-, en esta ocasión queremos ampliar las miras y estudiar por qué y de qué manera la organización autónoma de los trabajadores es la única respuesta de la que dispone nuestra clase para confrontar todos los problemas expuestos en los apartados previos.

 

Espacio de Encuentro Comunista, octubre 2022.

 

Ir a apartado 2: Desde 1973 hasta nuestros días: ¿Neoliberalismo o capitalismo?

Puedes leer ya el documento completo en formato pdf


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